Es tiempo de vivir

Es tiempo de vivir

La vida del adicto está marcada por una profunda sensación de desarraigo, de no pertenencia, que se traduce en un sentimiento de soledad permanente aunque esté rodeado de gente. Es en esa soledad donde se gestan las alteraciones de percepción que le llevan a ver el consumo como la puerta de salida de su desierto emocional. 

Si la adicción se cuece a fuego lento amontonando desilusiones sobre un hecho que hirió profundamente al niño que fue el adicto, también es posible alcanzar la recuperación desamontonando las desilusiones poco a poco, sobre todo aquellas que son fantasmas fruto del dolor latente. En MMS sabemos que si se localiza el dolor primario se puede, si no disolver, al menos suavizar la sensación de desarraigo y conseguir una vida plena sin consumir.

El grupo, tu colectivo

Seguramente la adicción te habrá convertido en un ser inestable y, no obstante, pretendes que nada a tu alrededor se mueva, pues necesitas el control de todas las cosas para evitar que se ponga de manifiesto tu inseguridad. Pero la expectativa es tan irreal que siempre vas a chocar con la frustración y al final del pasillo de la frustración se encuentra, como ya sabes, el consumo.

Te ayudaremos a que aprendas a no idealizar el mundo ni el alcohol. En cuanto al mundo, irás sintiéndote cada vez más seguro de ti mismo al saber que si te mantienes en sobriedad y vives consciente podrás afrontar las cosas cuando y como lleguen. En cuanto al alcohol, reconocerás que la realidad de los encuentros con los colegas de copas no era exactamente agradable, sino más bien absurda y exagerada. 

Al entrar en el grupo de terapia para dejar de beber pasarás del aislamiento a pertenecer a un colectivo, tu sensación de soledad se irá atenuando y, como consecuencia, al igual que el resto de tus compañeros te sentirás con libertad para hablar de tus experiencias sabiendo que serás comprendido; ese intercambio que se produce en las sesiones es el medio para localizar cuáles son las conductas de riesgo que te llevan a consumir y qué herramientas puedes que utilizar para evitarlas. 

Del deseo a la acción

Aunque tu yo consumidor no quiera reconocerlo, en el fondo sabes que la bebida te producía más angustia que placer y que abusaba de ti robándote no solo el tiempo, te robaba también las ganas y la vida. En las sesiones de grupo, desde la sobriedad, podrás hacer el análisis de este atraco para extraer tanto las emociones que te conducían a la botella como las razones por las que quieres dejar de beber.

El análisis provocará el deseo de cambio, pero tendrás que pasar a la acción porque solo el deseo no basta; el primer paso será exponer en el grupo tu problema, tu manera de verlo y afrontarlo, de modo que a través de tus palabras y las devoluciones de los compañeros consigas localizar el dolor primigenio que esconde tu adicción, así podremos entregarte las herramientas con las que trabajar tu recuperación.

La terapia no es para sentirse miserable por beber y haber hecho las cosas de una manera que no querías, sino para tomar conciencia de cómo eras y de cómo quieres llegar a ser y trabajar para conseguirlo; Benedetti dijo -no es cita textual- que hay que examinar el pasado no para llorarse las mentiras, sino para cantarse las verdades; y ponerte manos a la obra para conseguir la vida que deseas, añado yo.

Dedícale tiempo a vivir

Para curarte de la adicción necesitas quererte y para quererte es preciso que te gustes. Bebido dejabas tu vida en manos de otros y, aunque quieras creer que beber te sentaba bien, lo cierto es que el alcohol hacía que tu estabilidad emocional dependiera de criterios ajenos. En las sesiones de grupo te ayudaremos a buscarte y a encontrarte, a que te gustes, a que te quieras y a que construyas la vida en base a tus propios juicios.

Tal vez siempre has pensado que no podías cambiar y cuando alguien cree que no puede modificar algo, lo ignora, le quita importancia; con este método entenderás que sí puedes cambiar porque tus comportamientos no son más que los síntomas de la enfermedad que padeces, esa enfermedad se llama adicción y cuando te cures los síntomas desaparecerán.

Eso sí, tendrás que llevar el método a rajatabla confiando en que la curación va a darse pues, como sabes, muchos enfermos no se recuperan porque en el fondo no lo creen posible. La esperanza y la fe en conseguirlo serán la fuerza que te ayude a conocer y aceptar tu auténtica identidad, trabajar en desarrollarla y dedicarle todo el tiempo que puedas a vivir.

Emily Dickinson dijo:

«Vivir es tan sorprendente que deja poco tiempo para cualquier otra cosa».


Del miedo a la confianza

Del miedo a la confianza

Va a hacer un año que ocurrió y aún recuerdo con detalle la noche antes de decir que sí a la propuesta de terapia de grupo para dejar de beber. No pude dormir. Lo achaqué a que no había consumido en dos días, un pequeño síndrome de abstinencia, me dije, pero el fondo sabía que el motivo era que por primera vez iba a entrar en un grupo de terapia con la intención de compartir mis problemas -problemas muy íntimos- con personas a las que no conocía de nada. Tenía la ventaja de que al ser on-line estaría en casa parapetada tras una pantalla de ordenador sabiendo, además, que si aquello no me iba bien era libre de no asistir a la siguiente.

Accedí a la sesión como un niño accede al colegio su primer día de escuela, sin saber lo que me iba a encontrar y con más disposición a no regresar que a continuar. El grupo era reducido, unas cuantas ventanas que no me hicieron sentir desbordada. Me sorprendió, eso sí, la bienvenida en la que, uno a uno, se fueron presentando más que por su nombre por la causa que los había llevado a pedir ayuda para salir de la oscuridad del consumo. Yo me presenté de manera escueta y el terapeuta, Santiago, dio comienzo a la terapia indicándome que podía participar si quería. 

Mientras escuchaba a los participantes exponer sus emociones, sus miedos, sus avances… me sentía intermitente, a veces cercana y a veces lejana; cercana a aquellos por cuyas bocas parecía estar hablando yo, lejana de quienes contaban historias que me resultaban ajenas. Mantuve el tipo, la cortesía, las formas; todos los ojos parecían mirarme. No participé. De hecho, para evitarme agobios puse la vista de pantalla solo de quien hablaba y así me quitaba peso, o eso creí. Sin embargo, cuando acabó la sesión, me apetecía volver al menos un día más para entender mejor la mecánica del grupo y también aquellas experiencias que no parecían rozarme.

El segundo día me atreví con una exposición sucinta y resumida que me hizo sentir tan bien que me empujó a continuar y asistir a la siguiente. Luego vinieron muchas más. Dos cosas me daban impulso: podía mantener la abstinencia sin demasiado esfuerzo y no me sentía un bicho raro por padecer una adicción. Comencé a participar un poco más cada vez y, a pesar de que algunos compañeros me gustaban menos que otros, iba entendiendo que lo que no me gustaba en esos otros era, precisamente, lo que rechazaba en mí. Comprendí que no estaba allí para hacer amigos, sino para conocerme a mí misma desde la sobriedad que me había comprometido a mantener durante los meses que durase la terapia.

Habían pasado noventa días desde la primera sesión -a esas alturas ya había decidido que quería que el resto de mi vida transcurriera en sobriedad- cuando decidí cambiar el estado de la pantalla para poder ver a todos durante todo el tiempo, incluso cuando hablaba yo. Me decidí a hacer terapia de grupo de verdad. Al principio estaba muy insegura y temía una respuesta que no perteneciera al guion que yo había previsto, no encajaba bien la crítica porque no estaba acostumbrada a que esta fuera saludable. Yo solía contar mis intimidades cuando había consumido y mi lengua se soltaba y me daba igual quién estuviera delante, de modo que la respuesta que obtenía era generalmente o bien poco amable o, por el contrario, insultantemente compasiva.

Cuando comencé a entender que las respuestas que se daban en el grupo no eran críticas sino devoluciones de personas que estaban sintiendo lo mismo que yo y se identificaban con lo que exponía, supe que estaba con los compañeros de viaje adecuados. Y me solté un poco más, y otro poquito más y pasaron seis meses y yo me sentía mucho mejor y más serena; y pasaron nueve meses y yo me sentía mejor aún no solo conmigo o con mi grupo de origen, sino con todas las personas que se iban incorporando a la terapia y también con el resto del mundo.

Hoy, a punto de cumplir un año desde aquella noche de insomnio, sigo trabajando desde mi sobriedad la mejor versión de mí misma y el miedo al grupo se ha transformado en confianza en mis compañeros. Ahora sé que si camino de la manera que lo hago es porque el grupo me da la fuerza y el apoyo precisos, porque ellos entienden lo que siento y yo entiendo lo que sienten ellos y, aunque a veces no nos podemos ayudar tanto como quisiéramos y alguno tropezamos, siempre estamos todos ahí para tender una mano y para, si es necesario, regañar desde el cariño, y para reconocer en el otro el esfuerzo que uno mismo hace cada día para mantenerse consciente y estar vivo en lugar de vivir anestesiado.

Y es que, tal vez, como dijo Ernesto Sabato «Parece como que uno termina por encontrarse al final con las personas que debe encontrar».


Construir una vida sin alcohol

Construir una vida sin alcohol

El día que un adicto pide ayuda para salir del infierno en el que vive puede ser el día más importante de su vida, porque marca una línea que separa la opción de continuar siendo la persona que es en consumo de la persona que puede llegar a ser sin beber; como si en lugar de continuar sentado viendo pasar la vida, se decidiera a levantarse y vivir plenamente. 

Pero para cambiar una vida de consumo por una vida sin alcohol es preciso hacer un viaje que va desde un lugar en el que no quieres estar hacia uno que tendrás que construir porque hasta ahora has vivido sin futuro o, al menos, no podías verlo porque el alcohol empañaba tu vista. Ese viaje, cuyo destino es muy satisfactorio, tiene tramos difíciles, áridos, poco agradables de transitar; por ello MMS ha diseñado los programas de terapia de grupo para que, al hacerse más llevaderos esos malos tramos, sea posible la recuperación.

Motivos, confianza y seguridad

La participación activa en las sesiones de grupo para dejar de beber, ese espacio de la recuperación donde cada uno habla sobre sus emociones para descubrir los motivos que le empujaron a beber, te ayudará a encontrar los tuyos propios. Cada quien tiene dentro un porqué que le duele (o le dolió) de tal manera que ha estado intentando taparlo, también tú, pero te has dado cuenta de que ahogarlo solo lleva a no vivir y tú ya quieres tener una vida plena.

Una vez que averigües tus propias razones, tendrás la oportunidad de abrazar el dolor que hay en ti y entenderás que detrás de él hay un niño lastimado al que hay que ayudar. Del mismo modo que se enseña a caminar, tendrás que enseñar a tu niño interior a convertirse en un adulto que viva en sobriedad, confiando en que podrá hacerlo y en la seguridad de que, aunque haya algún tropiezo, lo conseguirá pues podrás utilizar las herramientas de recuperación que adquirirás en la terapia.

Cada día será un comienzo, porque es día a día como se construye la vida; como dijo Cesare Pavese: "Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante". 

Observa tu avance

El trabajo de recuperación supondrá un esfuerzo diario, pero no es menos cierto que estará compensando por los avances que también se harán notar; tal vez no sean avances muy llamativos para los demás, pero tú podrás sentirlos, por ejemplo en una reacción diferente ante la emoción surgida de una expectativa incumplida. Compartirlos en el grupo te ayudará a ti y a los demás.

Dejar de beber no significa dejar de ser humano y mucho menos llegar a ser perfecto, significa vivir, que no es poco, pero cuando cometas errores -que los cometerás- tu maniobra para resolver será diferente; habrá ocasiones en las que tener una reacción más calmada te hará sentir pequeño, pues estás acostumbrado a manejarte en la ira que te provocaba el dolor, pero serás consciente de que solo es un engaño de tu «yo bebedor» para que vuelvas a caer en sus redes.

Si te tambaleas no te asustes, apóyate en el grupo, en tus triunfos y no te salgas del camino que has trazado, recuerda de dónde vienes y dónde quieres llegar. No tengas miedo, sigue adelante con tu propósito, perfila los contornos de tu futuro y camina sobrio hacia él. Marie Curie dijo: «No hay que temer nada en la vida, solo hay que entender».

La felicidad de ser tú mismo

Ya se ha explicado que hay tramos del camino que no son bonitos, uno de los menos atractivos es el punto en el que te planteas cómo organizar la vida sin alcohol; de pronto el aburrimiento parece envolverte y sientes que es casi imposible poder estar feliz sin beber.

Será bueno que recuerdes que los «momentos felices» del alcohol eran inventados, no reales; tú te imaginabas diciendo cosas divertidas y bailando con gracia, pero en realidad decías sandeces y hacías gansadas en la pista de baile con un vaso en la mano, la cara desencajada y un aspecto bastante desaliñado. ¿Llamarías diversión a eso? Seguro que no quieres repetirlo.

Cuando no bebes cambian muchas cosas, comienzas a entender que nadie es comparable con otra persona, que no es adecuado ir mostrando tus heridas al mundo, que se puede convivir en armonía  con los demás si encuentras serenidad dentro de ti y que hacer las paces contigo mismo será el pilar más importante de tu recuperación.

Lucha por ser tú mismo y estarás cerca de la felicidad, pues como dijo Isaac Asimov: «Tal vez la felicidad sea esto: no sentir que debes estar en otro lado, haciendo otra cosa, siendo alguien más».


Tu futuro te necesita

Tu futuro te necesita

Una de las características del adicto es ser poseedor de gran sensibilidad, precisamente por ella algo consiguió herirte profundamente; después, buscando la salida de aquella pesadilla, descubriste en el alcohol una forma de anestesiarte aceptada por la sociedad. Sin embargo, con el paso de los años, el alcohol lejos de paliar el dolor lo ha ido estimulando y en lugar de borrar los recuerdos ha convertido tu sensibilidad en una soga que te mantiene atado al pasado.

Haruki Murakami dice que «aunque logres ocultar los recuerdos o enterrarlos muy hondo, no puedes borrar la historia. La historia no puede borrarse ni alterarse porque significaría matarte a ti mismo». En MMS hemos diseñado un método para que, a través de la terapia de grupo on-line, aprendas a mirar tus recuerdos desde otra perspectiva y, sin olvidar tu historia y sin matarte, recuperes la capacidad de vivir el presente y puedas construir tu futuro; para ello es imprescindible que tomes conciencia de que el estado en el que vives es una enfermedad y, por lo tanto, tiene curación.

Contar para entender

Tienes el hábito de contar tu dolor cuando estás ebrio y, posiblemente, se lo cuentes a una persona que tampoco está sobria, de modo que los hechos se van desvirtuando una y otra vez; lo repites tantas veces y tan mal contado que hasta tú mismo te cansas de oírte, pero el problema no es hablar de tu dolor, sino a quién se lo cuentas y desde qué estado lo relatas. 

En las sesiones de grupo para dejar de beber se crea un espacio para que, desde la sobriedad que te habrás comprometido a mantener, puedas hablar sin tapujos de lo que te duele; lo harás sabiendo que nadie va a enjuiciarte y, del mismo modo, sin juicios, escucharás a tus compañeros contar sus experiencias con las que, seguramente, te sentirás identificado al menos en parte; sesión a sesión irás entendiendo los motivos que te llevaron a consumir y juntos encontraremos las herramientas para subsanarlos o, al menos, evitar que te dominen de nuevo.

Karen Blixen decía que «todos los dolores pueden ser sufragados si los ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellos», pero no se trata de abrir el corazón donde te tomas las copas, se trata de hacerlo en el lugar adecuado para poder sanar lo que te dañó.

Lo que está en tu mano

Es evidente que no eres responsable de todo lo que ha ocurrido en tu vida, pero lo eres de la forma en la que lo repites; hasta ahora cuando hablabas de tu dolor te enfocabas en lo ocurrido horadando tu herida un poquito más con cada palabra; aquí te daremos herramientas para que reconozcas en la superación de aquellos hechos la fuerza que posees pues, si saliste de ahí y estás vivo, tienes una fuerza tan grande como tu sensibilidad, en tu mano está trabajar para recuperar ambas.

La vergüenza de reconocerse adicto es un estigma social que mantiene a muchos en la adicción; pero no debes sentirte inferior por padecer esta enfermedad y, menos aún, cuando has decidido buscar solución y estás afrontando tu recuperación; muy al contrario, tienes que sentirte capaz de conseguir llegar a ser quien realmente quieres ser y, con esa certeza, luchar contra la inseguridad que probablemente te asaltará durante el proceso. 

Abandonar una adicción no es algo malo, así es que no tienes porqué esconderte, solo elige bien a quién explicarle los motivos y a quién decirle sencillamente que no consumes, no tienes que justificarte, tienes que perdonar y perdonarte y, después, cuando tu mente ya pueda ver claro, pedir perdón a los seres queridos que hayas podido dañar. Por el momento, como dijo Jack Kerouac: «Enamórate de tu existencia».

El arte de la paciencia

La terapia no es un milagro, no se llega un día y uno está curado; durante las primeras semanas te sentirás muy bien porque al no tener alcohol en el cuerpo tu organismo funcionará mejor y será una especie de «luna de miel» con tu nueva vida, sin embargo, en algún momento aparecerán los síntomas del síndrome de abstinencia que no son más que desajustes emocionales.

Esos síntomas desaparecerán si sigues el método y mantienes la abstinencia, son situaciones pasajeras mientras tu mente se ajusta a una vida sin consumir. Hay que prestar mucha atención a estas alarmas para evitar la recaída, algo que puede ocurrir cuando no estamos utilizando bien las herramientas. Insiste en llevar a cabo el método y trabaja por tu futuro porque el mundo está lleno de cosas mágicas esperando pacientemente a que tus sentidos las perciban. 

Recuerda que tu futuro te necesita, tu pasado ya no.


Recupera las riendas de tu vida

Recupera las riendas de tu vida

El yo adicto que muestras al mundo no es tu verdadero yo porque ese yo vive en soledad y anegado en alcohol; por eso algunos días cuando te despiertas recuerdas a duras penas lo que ocurrió la noche anterior y tienes que realizar un gran esfuerzo para entrar a la ducha, hacer como si no pasara nada y acudir a esa importante reunión sin que se te note la resaca; también hay madrugadas en las que el alcohol te martillea la cabeza y el alma y te sientes despojado de dignidad.

Seguramente acierto de pleno si te digo que es en uno de esos instantes cuando has decidido buscar ayuda, ya que esos momentos no son más que tu yo real clamando por salir de la ciénaga en que vive y pidiendo a gritos recuperar su espacio y su vida. Viktor Frankl decía «Todo ser humano posee la libertad de cambiar en cualquier instante»; en MMS sabemos lo importante que es dar continuidad a ese impulso surgido desde la más profunda libertad y hemos diseñado un método para ayudar a que ese impulso, en lugar de diluirse, sea el comienzo de tu recuperación.

Rompiendo hábitos

Decía George Gurdjieff que «Toda ruptura de hábito produce un cambio», en esta terapia para dejar de beber te facilitaremos herramientas para que rompas con el hábito de beber y generes en tu vida el cambio que deseas.

La primera herramienta que contempla nuestro método es tu compromiso de no consumir. Al principio, sin alcohol, te sentirás desprotegido porque no llevarás máscara y, a pesar de comenzar a ser más tú que en los últimos años, te parecerá que no tienes recursos.

Otra herramienta es establecer orden en tu vida, pues, probablemente, la adicción te haya llevado a una vida desordenada e, incluso, hayas dejado de cuidarte físicamente. El orden es un recurso muy efectivo para la vida saludable y cuando lo perdemos, nos destruimos.

Y no podemos olvidarnos de la protección, ya que es fundamental evitar los estímulos, por lo tanto, encaminaremos tu recuperación a que construyas una vida saludable mediante actividades y relaciones que te ayuden a hacerlo.

El alcohol es una droga legal en nuestra sociedad por eso, cuando dejamos de consumirlo, tenemos que explicar los motivos, te ayudaremos a que sepas a quién debes contar tu decisión para encontrar los cómplices adecuados y te daremos pautas para que aprendas a presentarte al mundo como «no consumidor».

Hablar para sanar

Cuando bebes dices que pierdes la cabeza, pero no pierdes nada, lo que sale es todo lo que llevas años tratando de tapar con la bebida, piensas que bebiendo calmas la ansiedad, pero solo la escondes; tratas de llenar con alcohol ese hueco emocional que tienes y no sabes definir, pero lo que consigues es hacerlo más grande con cada trago. 

La solución no está en llenarte de algo, sino en vaciarte del dolor a través de la palabra. 

En la vida estamos interrelacionados, influimos en los demás y los demás influyen en nosotros. Cuando consumes la prepotencia se apodera de ti y te conviertes en un ególatra, solo te miras a ti mismo, pero abriendo tu alma desde la abstinencia podrás conocerte y permitir que te conozcan los demás. El espacio de las sesiones de grupo es un lugar estanco en el que no se emiten juicios y cada uno, al compartir sus experiencias, ayuda a los demás y a sí mismo.

Poco a poco irá cambiando tu manera de expresarte, no solo en lo que se refiere al uso de los tiempos verbales que llegarás a utilizar en pasado cuando hables de consumo, sino porque a medida que tu recuperación prospere también lo hará tu lenguaje que ahora mismo no es más que un fiel reflejo de la degradación a la que te ha llevado el alcohol. 

Forjando tu mejor yo

Tomarás conciencia de que habías dejado tu suerte en manos del consumo y te sentirás feliz de recuperar el control de tus actos, pues al aceptar los errores que uno ha cometido en el curso de la vida se obtiene satisfacción y dignidad 

Desde la sobriedad irás comprendiendo cuántas cosas te robaba el consumo y podrás crear tu propio listado de motivos para dejar de beber. No será fácil, el consumo te anestesiaba y ahora tendrás que afrontar la realidad, pero te aseguro que es mucho más trabajoso aparentar serenidad estando ebrio que decir NO a un trago.

Si sigues el método: compromiso-orden-protección y hablas de tus sentimientos en las sesiones, te irás acercando cada día un poco más a tu identidad real y recuperarás el respeto por ti mismo, pues como dice la escritora Joan Didion: «El carácter, la voluntad de aceptar la responsabilidad de la propia vida, es la fuente de donde surge el respeto propio».


Salvando a tu niño interior

Salvando a tu niño interior

Es muy probable que toda adicción provenga de un trauma que se produjo en la infancia y que el adicto, de manera inconsciente, viva permanentemente en ese instante que no sabe cómo resolver y que además le provoca dolor. Rainer Maria Rilke dijo que «La verdadera patria del hombre es la infancia» y ciertamente es allí donde nos formamos, sin embargo, vivir anclado a un punto girando a su alrededor no se puede llamar vida, ya que limita todas las posibilidades de caminar hacia una meta, de levantar la vista hacia el horizonte.

En MMS conocemos la adicción, la hemos sufrido, la hemos superado y seguimos trabajando para evitar recaer; por eso sabemos que es posible salir de ella y, para hacerlo, hemos creado una terapia de grupo on-line a través de la cual, mediante la palabra compartida y tu compromiso formal de mantener la abstinencia durante los meses que dure la terapia, te ayudaremos a localizar la herida de tu niñez y a sanarla para que consigas convertirte en la persona adulta que soñabas ser y que la adicción no te está dejando construir.

Un cambio de estrategia

Sabemos lo que estás sintiendo en este momento, la desesperación de no poder dejar de consumir y reconocer que necesitas ayuda para hacerlo es un momento duro y eso es precisamente lo que te va a dar la fuerza para conseguirlo. La novelista japonesa Banana Yoshimoto lo explica muy bien en este párrafo de una de sus novelas: «No recuerdo si esto me había ocurrido con anterioridad, pero cuando me enfrenté a las tinieblas de mi corazón, cuando me sentí herida en lo más hondo y me rompí en pedazos, exhausta, de improviso emergió de mí una fuerza inexplicable». 

Hasta ahora habías elegido la estrategia de tomar distancia de lo que te provocaba dolor y aislarte mediante la bebida, evitando enfrentar los problemas y manteniéndote en un entorno conocido, una especie de zona de confort -en realidad muy incómoda- por la que has pagado el costo de no tener ni siquiera memoria de partes de tu vida, tal vez de algunas que fueron muy significativas para ti. Ahora ya has decidido mirar las cosas de frente y es esta estrategia la que te devolverá la vida.

La voz común del sufrimiento

A través de las sesiones de grupo, a las que deberás asistir puntualmente por tu propio bien y por respeto a los demás, irás averiguando por qué no puedes ser feliz y cuáles son los estímulos que te llevan al consumo. En el grupo no hay comparaciones, al contrario, las sesiones son un espacio libre de juicios donde cada cual, desde la libertad y sin ofender, manifiesta sus emociones y aprende a reconocerse a través de los otros que le sirven de espejo.

El objetivo común del grupo de terapia es la recuperación y el medio para conseguirlo es la acción comunicativa, la participación activa en la existencia de otros y también en sus sufrimientos, al fin y al cabo, la comunicación es el lazo para configurar una comunidad. Aprender a escuchar a otros y atender a su lenguaje y a su sufrimiento, evitará que te sientas solo con tu dolor y tus miedos que, lejos de ser privativos, serán el objeto de tu terapia.

Aunque ahora pueda parecerte extraño, sociabilizar el sufrimiento es una herramienta básica para tu recuperación ya que en soledad te avergüenzas de ser adicto, te culpas solo a ti mismo de tu debilidad y de tus fallos y sientes que tu comportamiento es tan raro que debe ser ocultado al mundo, lo que conlleva el esfuerzo de mantener el tipo -o al menos intentarlo- para que nadie sepa de tu adicción y al invisibilizarla te quedas desarmado ante tu recuperación.

Dando sentido a la vida

Este camino es una carrera de fondo, no te curarás de un día para otro, pero al entender que tus emociones descontroladas no forman parte de tu carácter, sino que son síntomas de una enfermedad llamada adicción, comprenderás también que según vayas mejorando los síntomas irán desapareciendo.

No eres así, te comportas así porque estás en la adicción, pero aprenderás a vivir con calma y a sustituir cosas contraproducentes por cosas beneficiosas para tu vida. Juntos averiguaremos de dónde vienen tus ataques de ira, qué escuchas cuando te hablan y qué guardas en ese fondo clandestino que está clamando por salir. 

Con tu compromiso y el trabajo en equipo salvarás al niño que hay en ti y construirás el adulto que anhelas ser pues verás de otra forma el pasado y el futuro. León Tolstói dijo: «Allí, en la infancia, hay algo sumamente agradable que, en caso de volver, podría proporcionarle sentido a tu vida».


Puedes salir del infierno

Puedes salir del infierno

Aunque aparentemente el adicto vive en una fiesta eterna, su mundo interior es muy extraño; lo que trata de ocultar con el consumo es una mezcla de recuerdos, emociones y culpabilidad que le provocan dolor, mucho dolor. Y es que el fondo de cada adicto late un niño que no se ama a sí mismo porque no se siente con el derecho de ser amado y no hay amor suficiente en el mundo para llenar el vacío de alguien que no se ama a sí mismo.

La buena noticia es que si quieres salir de ese infierno puedes hacerlo mediante la terapia de grupo que MMS ha diseñado para conseguirlo; claro está que para ello necesitas hacer un cambio y, como todo cambio, depende en parte de la disposición para cooperar en él. Pero si has llegado hasta aquí la disposición ya la tienes, te queda ahora desarrollar la paciencia para poder sanar años de programación y aprender a quererte.

Con otros ojos

La base de toda vida feliz es el amor y el amor tiene que empezar por uno mismo, por una sana autoestima; en esta terapia aprenderás a querer al niño que llevas en ti y lo salvarás de esa vida que ya ha dejado de ser vida para convertirse en una muerte lenta. Tal vez en este momento en el que buscas ayuda para dejar de consumir puede parecerte imposible de conseguir, pero lo único imposible es lo que no intentas. Nada tienes que perder, solo puedes ganar.

Dejar de beber es comenzar a vivir y comenzar a vivir es comenzar a relacionarse desde la igualdad con los demás, algo que aprenderás a hacer mediante las sesiones de grupo en las que se crea un espacio seguro para hablar de todas las emociones que te alteran y te llevan a consumir. 

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez mantiene la teoría de que «la mayor revolución es ver el mundo como lo ve el otro» y eso es exactamente lo que podrás hacer en las sesiones de grupo, conocer el mundo a través de los otros a la vez que les ofreces tu visión y darte cuenta de que hay personas que pueden comprender tu dolor sin juzgarte y darte la mano para que puedas rescatar del abismo al niño que se perdió en él un día.

Hacia delante

No podrás volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final, para ello tendrás que comprometerte contigo mismo y con el grupo a mantener la abstinencia, de esa forma tu pensamiento podrá andar otros caminos y aprender que las reacciones han de ser proporcionadas a los acontecimientos, algo que el consumo no te permite.

Es necesario que asistas a todas las sesiones, pues no puedes pedirle al mundo que no te ofrezca situaciones de riesgo y cada sesión te surtirá de herramientas para evitar vivirlas o, en su caso, de formas para manejar las situaciones de peligro que por circunstancias no puedas evadir. Compartiendo experiencias con tus compañeros también aprenderás que no debes convertir en un motivo para beber el hecho de que no se cumplan tus expectativas.

Cada vez te irás sintiendo un poco más tú y un poco más querible, pero también recordarás actuaciones de cuando consumías que no te gustarán; tu trabajo será aceptar que esas no puedes remediarlas y utilizar el recuerdo como imagen para saber dónde no quieres regresar; de esta manera pondrás toda tu energía en ir hacia delante para construir tu versión más próspera.

Sé como quieres ser

La adicción ha ido deformándote poco a poco hasta convertirte en alguien que no deseas ser, te olvidaste de cómo expresar tus emociones sin dañar y para ocultarlas te las bebías; una vez dominado por el alcohol daba igual que tuvieras razón o no, siempre la perdías porque te expresabas desde la ira y sentías que la ira te daba poder sobre todos. Te aseguro que con la abstinencia podrás recuperar la razón y las formas.

Al principio te sentirás desorientado porque no sabrás quién eres sin beber, ya que esas emociones desbocadas que controlaban tu vida dejarán de formar parte de ti; tendrás que trabajar para conocer tu auténtico yo y así poder darte a conocer a los demás; pero no tengas miedo, la abstinencia te dará el doble de poder que te daba la ira pues la sobriedad hace posible que estés presente en cada momento de tu vida y, por fin, vivirla de verdad al completo.

A través de esta terapia puedes salir del infierno y ser quien quieres ser, pues como decía Eduardo Galeano: «Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos».


Toda la vida es ahora

Toda la vida es ahora

Cuando una persona se decide a cambiar es porque siente que ha sufrido lo suficiente. Al adicto le duele la vida y consume para esconder sus sentimientos más profundos; los guarda tan dentro que se le olvida dónde los guardó, pero le siguen doliendo y ahora, además, no sabe explicar lo que le duele.

Tu estado de ánimo está muy afectado y buscas ayuda. En MMS hemos generado una terapia de grupo on-line que te permitirá dejar de consumir y localizar el escondite de tus sentimientos para poner nombre a tu dolor y conseguir que la vida no te duela. 

Ponemos a tu alcance la posibilidad de pertenecer a un grupo de personas que están haciendo el viaje a su recuperación a través de unas sesiones en la que hablan de sí mismos y, a la vez, aprenden de los otros; hablar es la mejor forma de llegar al autoconocimiento pues, como se decía en la película El señor Ibrahim y las flores del Corán: «Si quieres aprender puedes hacerlo con un libro, pero, ¡ojo!, hablar con alguien ayuda mucho».

Enfoca tu mirada

Tienes que aprender a amarte, el amor es lo te hará dar el salto a la recuperación. Lo primero es reconocer el problema. Lo siguiente, comprometerte a la abstinencia, pues no podrás dejar de beber si sigues consumiendo. También será necesario que introduzcas el orden en tu vida, ya que el consumo es un desordenado que mantiene tu vida destartalada y tu cabeza confundida.

Decía Mark Twain: «No puedes confiar en tus ojos cuando tienes la imaginación desenfocada», así es que al principio tal vez no comprendas nada, pero bastará con que insistas en hacer las cosas bien, cumplir con las normas de sobriedad, orden, asistencia y participación en las sesiones y, poco a poco, tu percepción irá tomando otro rumbo, podrás diferenciar las ideas de la realidad y un día verás con claridad tus sentimientos reales.

Tu imaginación, limpia de consumo y acompañada con una vida ordenada, podrá enfocarse hacia el futuro que deseas y cada paso que des será un triunfo sobre el monstruo de la adición y un bálsamo para tu dolor, al que seguro podrás poner nombre un día.

Define tus propósitos

No es sencillo dejar una adicción, el carácter adictivo está forjado en aprendizajes inconscientes de la infancia y llegar a ellos es un camino a veces muy complicado; podrás hacerlo más llevadero si tienes muy claros tus propósitos. Escribir los motivos por lo que quieres dejar de consumir y lo que quieres cambiar de tu vida, te ayudará si llegan momentos de dificultad, pues te servirán de amarre a tu compromiso contigo mismo y con el grupo.

Tal vez te preguntes si podrás conseguirlo; te aseguro que si haces todo lo que esté en tu mano para llegar a tu meta, podrás, no lo dudes, la abstinencia tiene la habilidad de meterse en todos los rincones de la vida y otorgar a cada día una belleza que no querrás perder una vez que la hayas saboreado. Si sabes las razones por las que quieres dejar de beber, tienes clara tu meta y trabajas para conseguirla, llegará un día en que mirarás la cicatriz y dirás: aquí dolió, aquí sanó.

Acepta la vida 

Al dejar de consumir irás viviendo la vida tal y como es, algunos días son mejores que otros, hay cosas que resultan agradables y otras no lo son tanto, pero la vida es así; lo que pretendías a través del consumo era una permanente sensación de bienestar y, eso, ni es posible ni es sano. 

Deberás aprender a superar algunas situaciones y a dominar las sensaciones de malestar que a veces surgen en la vida. Para ello es importante que te cuides, que te sientas bien física y mentalmente; cuidarse no es un pecado, es algo necesario, una obligación para con uno mismo.

Si durante el proceso de recuperación algo te desestabilizara mucho procura parar pues la inestabilidad conduce al síndrome de abstinencia y este se puede controlar bajando el ritmo de actividad. Compartir tus experiencias en las sesiones, un espacio creado para abrir el corazón y sanar el alma, te ayudará a encontrar la solución y a salir a la vida para aceptar sus vaivenes.

Recuerda lo que dijo don Antonio Machado: «Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. Y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde. Ahora».


La magia del autodescubrimiento

La magia del autodescubrimiento

Mi yo adicto vivía en una profunda soledad, no tanto por el hecho de no relacionarme con otros, que sí lo hacía, sino por la forma de hacerlo; lo superficial me resultaba fácil, la relación social me salía de forma natural, pero lo cierto es que para mí era como representar un papel, no me implicaba emocionalmente con quienes contactaba y eso aumentaba la profunda sensación de aislamiento que me envolvía. Así han quedado en mi memoria los recuerdos que el alcohol no se llevó.

La soledad cada vez abarcaba más parte de mi vida, extendiéndose al pasado y al futuro; sentía un vacío perenne que intentaba llenar de forma rápida, bebiendo mucho y prestando atención a los deseos ajenos para comportarme en la manera que creía podrían quererme, aceptarme. Esa actuación, lejos de paliar el dolor lo aumentaba pues yo sabía que a mí, a mi yo real, no era a quien querían porque lo desconocían. Pero ¿me conocía yo? Algo me decía que no.

Por otro lado, ese comportamiento teatral comenzaba a influir en mi entorno que intuitivamente captaba la farsa, de modo que casi todo se contaminaba de inseguridad y superficialidad y, aunque en alguna resaca pensé que morir sería más fácil que seguir viviendo así, la vida se removía dentro de mí y me empujaba a salvarme.

Llegué a MMS como un náufrago llega a la costa, sin saber qué continente es, ni si está habitado, ni cómo serán de hospitalarios sus habitantes en caso de haberlos; encontré gente en aquel lugar y, aunque todo me era extraño, me sentía bien entre otros náufragos que, como yo, luchaban por salvarse. No podía contar con claridad quién era, no lo sabía, me limitaba a escuchar atentamente quiénes eran los demás y, en ocasiones, me identificaba con las palabras de alguien.

Poco a poco fui entendiendo y disfrutando los beneficios del método de la terapia de grupo; he desarrollado mejor dicho, reconocido la constancia como una de mis capacidades, ya que no he perdido ni una sola sesión y, en mayor o menor grado, he puesto mi granito de arena en cada una; también voy dominando mi afán de cavar en el dolor del pasado para poner esa energía en la construcción de un futuro adaptado al yo auténtico que se va perfilando y, además, estoy en contacto con personas que pueden entender mi satisfacción por estos triunfos y mi miedo a no conseguir la meta.

Deshacerse de los hábitos emocionales es tan difícil como deshacerse de los de consumo, pero con el grupo se consigue con menos esfuerzo; por un lado está la fuerza del compromiso, la responsabilidad de saber que si uno falla se debilita la cadena, por otro, la solidaridad entre iguales, algo que la terapia individual no ofrece puesto que el terapeuta está en una posición diferente; cada día que siento a los compañeros del grupo de apoyo al mismo nivel que yo y observo su evolución y veo su empeño para llegar a la recuperación total, me lleno de esperanza y de confianza.

Decía Juan Carlos Onetti que «…cada uno acepta lo que va descubriendo de sí mismo en las miradas de los demás…». Puedo dar fe de ello porque el autodescubrimiento a través del grupo es algo mágico, incluso mis facetas menos agradables vistas por otros me resultan más llevaderas porque sé cómo podría dulcificarlas o utilizarlas en su justa medida. Lo más significativo para mí ha sido aprender a poner límites a la soledad, y el mayor regalo haber encontrado en esta terapia no solo un método para dejar de beber, también una forma de aprender a relacionarme desde la autenticidad.


De la autodestrucción a la vida con alcohol

De la autodestrucción a la vida

Ocasionalmente, todos llegamos a un punto en el que «suficiente, es suficiente». En esos momentos parece que debemos hacer algo, tirar a un lado las cargas y las restricciones que nos están limitando y que, de continuar, amenazan con sofocar y paralizar nuestra energía de vida.

Si el alcohol te transforma en alguien que no quieres ser y al día siguiente cargas con el peso de la transformación ya estás sintiendo que «suficiente, es suficiente», permítete a ti mismo romper los viejos patrones. 

En nueve meses sin beber te ayudaremos a hacerlo; te asombrarás de la vitalidad y la fortaleza que este rompimiento traerá a tu vida.

¿Qué pasará cuando dejes de beber? 

Hay un proverbio zen que dice: «muévete y el camino aparecerá». Sólo alejándote del alcohol podrás ver con claridad lo que ocurre. La bebida no solo empaña la visión de tu presente, también interfiere en la percepción de tu pasado e imposibilita la construcción del futuro que deseas.

Es posible que inicialmente el hábito pese mucho, tu cerebro y tu cuerpo se han acostumbrado a calmar con alcohol la ansiedad, así pues, tendrás que entrenar a ambos para que se aparten de las antiguas costumbres. En la terapia de grupo aprenderás a utilizar las herramientas para hacerlo, las básicas son: evitar el contacto con el alcohol y poner orden en tu vida. 

Poco a poco entenderás al bebedor que hay en ti, de modo que podrás ayudarle a salir de la adicción. Una vez que el alcohol deje de ser tu dueño, comenzarás a recordar con claridad cosas que solo reproducías de forma confusa; al verlas con nitidez podrás poner nombre a tus emociones y reconocerás en ellas el motivo que te llevó al consumo.

Descubierto el motivo que te vinculó al alcohol, entenderás por qué comenzó tu carrera de autodestrucción y no querrás volver a ser la persona en la que te conviertes cuando bebes; esa será tu principal motivación para la abstinencia.

¿Qué tendrás que hacer en terapia?

Si escribes tus emociones desde la sobriedad y las compartes en las sesiones de grupo, comprenderás lo que pasó, dejarás de tener la necesidad de mirar para otro lado y te perdonarás, pues perdonar no es olvidar, sino entender y aprender. En las sesiones de grupo te verás reflejado en tus compañeros y sentirás que ellos se ven reflejados en ti; es esa actitud de apertura y aceptación la que te permitirá curarte y ayudar a que otros se curen.

Todos los seres humanos tenemos una relación con nosotros mismos en la que debemos poner el mismo cariño que ponemos en las que tenemos con los demás; en las sesiones podrás observarte como si tu mente perteneciese a alguien diferente y eso te ayudará a comportarte contigo de la misma manera gentil y amable que te comportas con los otros. 

El grupo de apoyo no es un grupo de amigos, es un colectivo unido para derrotar a un enemigo común y, como en todo ejército, la vida de cada guerrero depende del funcionamiento del conjunto. La máxima ayuda que puedes aportar al grupo es mantener tu abstinencia; la segunda mejor es participar explicando lo que haces para llevar a cabo tu cambio; la siguiente es estar atento a los otros y preguntar, desde el respeto, lo que no comprendas.

A través de la terapia de grupo de seis meses sin beber y siguiendo las pautas que te ofrecerá el terapeuta, te redescubrirás, sacarás a flote tu mejor versión y entenderás que las experiencias aisladas no hacen camino, que la vida es una continuidad. 

¿Cómo afectará la terapia tu día a día?

Probablemente, durante un tiempo no tendrás fuerza para organizar la hoja de ruta de tu vida, en ese período será suficiente con que utilices las rutinas y normas que se ofrecen en terapia y que no te relajes pensando que todo está superado; la cabeza siempre sigue al cuerpo así es que, si entrenas tu cuerpo con los nuevos hábitos, llegará un día en que tu cabeza sea capaz de coger las riendas.

Mientras tanto tu trabajo será dar valor al momento, cumplir los tiempos, ordenar tu vida; bajar el ritmo, no vivir al límite; no tomar riesgos innecesarios, no salirte de la carretera adecuada para tu vehículo; no postergar tu curación; ser honesto en las sesiones de terapia cuidando de ti y de tus compañeros; si quieres que algo pase, moverte para conseguirlo; no juzgar, serás tu peor juez; tener paciencia contigo y con los demás; canalizar tu sensibilidad, pero sin perderla. 

Estos pequeños esfuerzos cotidianos harán posible tu triunfo. 

Robert Collier decía: «El éxito es la suma de pequeños esfuerzos que se repiten día tras día».