La decisión de reconstruirte

La decisión de reconstruirte

Hay que ser muy valiente para poner fin a una situación tan intolerable como la adicción porque no es solo dejar de consumir, es encontrar la razón del porqué se consume y poder dar sentido a la vida. La terapia de grupo on-line para dejar de beber de MMS te ofrece las herramientas necesarias para que hagas realidad tu deseo de no depender del alcohol. 

Un día al día, una respiración por vez

El camino de la recuperación se hace día a día y el comienzo siempre es hoy. Al analizar desde la abstinencia tus experiencias cuando bebías, te darás cuenta de que casi nunca disfrutabas del momento; lo que vivías era primero la idealización de la diversión bebiendo y después la resaca y el dolor de cabeza, recuerdas muy poco de lo que hubo entre medias, es decir, te perdías tu propia vida. 

Así es que no se trata de inventarte un nuevo yo, se trata de descubrir quién es la persona que está anegada en alcohol y reconstruir tu auténtica identidad. No es un camino llano, incluso te pondrás de mal humor si ves beber a alguien que no padece la enfermedad de la dependencia y pensarás que eres aburrido cuando no bebes; bastará con que recuerdes quién eras cuando bebías y quién eres sin beber e identifiques a tu verdadero yo que fue, por libre voluntad, quien decidió emprender el camino de la abstinencia.

Dale la vuelta a la tortilla

Estarás forjando los cimientos de una vida sin consumo y a veces se tambalearán porque dudarás del futuro, habrá momentos de incertidumbre, pero pararte a mitad de camino no tiene sentido, sería como parar el coche en mitad de la autopista porque te asusta no encontrar la salida adecuada. 

Te ayudaremos a que no te instales en el miedo, a que no des paso a la negligencia, a que te sigas cuidando y reconstruyendo porque has tomado libremente la decisión de hacer este camino; unos días estarás más cansado que otros, los seres humanos no somos lineales, pero en lugar de evadir tu responsabilidad para contigo mismo aprenderás a utilizar esas emociones como revitalizador de tu decisión. 

Al convertir las excusas en acción comprobarás que cada vez que sorteas el miedo o la duda ganas el pulso a tu yo bebedor y tu musculatura emocional adquiere más potencia. Henry David Thoreau decía: «Si uno avanza confiadamente en la dirección de sus sueños y se esfuerza por vivir la vida que ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado en algún momento».

Reconocer tu trabajo es el mejor premio

Cuando dejas de dar valor a lo que haces todo pierde sentido, así es que cada día deberás de regalarte unos minutos para pensar en cuántas situaciones de esa jornada hubieras bebido y no lo has hecho, de ese modo comprobarás que estás caminando hacia el éxito; eso también te ofrecerá la posibilidad de identificar tus grietas para podrás trabajarlas en las sesiones de grupo de apoyo. 

Las resistencias surgirán de muchas formas, nunca te midas con quienes no padecen la enfermedad de la adicción, un adicto jamás podrá dominar el consumo y siempre quedará a merced del alcohol, así es que, será preciso que tengas presente escenas de cuando bebías para no perder de vista tu objetivo y que no vuelvas a considerar el alcohol como herramienta de ayuda, el alcohol es tu gran opresor, un tirano que te somete y te convierte en un muñeco descompuesto.

Si te sabes querer, puedes llegar

Cambiará tu mirada hacia ti y hacia los demás, te darás la importancia que te mereces. Tienes derecho a expresarte -sin apoyarte en lo que consideres defectos ajenos-, a sentir lo que sientes y a utilizar todo cuanto esté en tu mano para arreglar las cosas que te hacen daño. En las sesiones de grupo de apoyo podrás hacerlo, pues cuando no te expresas te engulles a ti mismo y quieres consumir.

Aprenderás a optar por el entorno más favorable a tu recuperación, a alejarte de aquello que intenta devolverte a no ser nadie, y entenderás que dejar el alcohol no es una pérdida, al contrario, al salir de sus garras ganarás tiempo y salud. Será gratificante abrazar la sensación de sentirte bien cada día.

Llegará el momento en que sepas quererte de forma conveniente, mientras tanto déjate ayudar por el grupo de apoyo y por los terapeutas siempre dispuestos a echarte una mano; serás importante no solo para ti, también para el grupo del que formarás parte, al que deberás de ser leal porque el compromiso te dará fuerza a ti y al resto de las personas que lo forman. Céntrate en aprender a quererte y tomarás el camino correcto hacia tu meta. 

Friedrich Nietzsche decía: «Es preciso saber amarse a sí mismo, con amor sano y saludable, para poder soportarse a sí mismo y no vagabundear».


La lucha por comprenderme

La lucha por comprenderme

Reuniendo las piezas del rompecabezas

Con el alcohol mi memoria perdió consistencia y decidió quedarse con los recuerdos más dolorosos almacenándolos sin orden ni concierto, de tal forma que vivía encallada en la nostalgia y con una sensación de soledad profunda porque me sentía diferente al resto del mundo, como si no perteneciera a ningún lado. Fue al dejar de consumir cuando me di cuenta de que había construido mi pasado con fragmentos de una historia no con la historia completa, y decidí trabajar para recomponer con todos esos trocitos el rompecabezas con el que comprender mi auténtica identidad.

Desmontando mi versión

Una de las primeras cosas que llamó mi atención cuando ingresé en la terapia de grupo on-line para dejar de beber de MMS fue entender que solo daba por válida mi versión de los hechos de toda una historia familiar; esto no significa que no existiera un daño, significa que yo me había limitado a mirar la vida con los ojos llenos de rabia infantil y que había desarrollado un mecanismo de defensa para afrontar los avatares de la vida basado en los conceptos de origen; esos mecanismos no solo no eran válidos ahora, es que, además, eran molestos y castrantes.

Si no he de inspirar amor, inspiraré temor. (“Frankestein”, Mary Shelley)

A pesar de no sentirme digna de ser querida buscaba el afecto al precio que fuera y, sin embargo, cualquier persona me parecía peligrosa. Cada día era una lucha entre lo que quería, sentía, hacía y pensaba. Todo estaba revuelto, vivía en una pesadilla recurrente, siempre amanecía con el mismo temor porque deseaba algo que sabía que nunca iba a tener: ser reconocida como válida por las mismas personas que me invalidaron. 

La decisión de dejar de beber a través de este método de terapia de grupo on-line no me llevó solo a la abstinencia, eso fue el punto de partida que me lanzó al autoconocimiento. A través de las sesiones me di cuenta de que yo quería dar amor, pero no sabía cómo y, a veces, muchas tal vez, lo manifestaba como odio hacia todos pues, ya que no podían amarme, al menos que me respetaran. 

Contra la pereza, diligencia

Me había hecho indiferente a todo y Aldous Huxley decía que «La indiferencia es una forma de pereza, y la pereza es uno de los síntomas del desamor. Nadie es haragán con lo que ama». La primera persona a la que tuve que dar amor fue a mí misma, no es que me hubiera abandonado en exceso por fuera, lo que había abandonado era mi interior; no había paz, no había alegría y no había, en definitiva, ganas de vivir. 

Ahora pongo toda mi intención en aprender a amar y, por lo tanto, a manifestar los sentimientos de la manera más constructiva posible; me produce felicidad ser capaz de decir la verdad de lo que siento y pienso sin herir a nadie y sabiendo que, si bien mis principios son firmes, la construcción de mi entorno es flexible y me doy permiso para modificar lo que crea conveniente. En definitiva, he abandonado el pasotismo del sufrimiento y me he decidido por la vida.

A hacer se aprende haciendo

Y es que con la abstinencia y la constancia las cosas han cambiado. Mi prioridad es mantener la sobriedad y para ello, cuidando de no caer en un individualismo feroz, me protejo firmemente de todo aquello que pueda perturbar mi propósito de seguir escalando peldaños para salir del lugar tan oscuro y frío al que me arrojó el consumo. 

De la terapia extraigo las herramientas necesarias para conseguirlo, aunque me queda mucho aún para manejarlas con destreza y no me siento capaz todavía de soltar la mano del grupo de apoyo, pero cada día pongo en práctica una acción o hago un nuevo movimiento, como decía Picasso: «Siempre estoy haciendo las cosas que no soy capaz de hacer para aprender cómo hacerlas».


Alcohol y ansiedad

Alcohol y ansiedad

Una de las cosas que sabemos en MMS es que la ansiedad es un gran estimulante de las adicciones, por lo tanto, es fundamental aprender a manejarla para evitar consumir; para hacerlo es importante identificar el nivel de ansiedad que tenemos y qué motivo nos ha llevado a sentirla. Existen tres niveles básicos de ansiedad, aunque hay subniveles según cada personalidad.

  • El primer nivel nace cuando algo nos incomoda y no permite que estemos confortables, produciéndonos inquietud y desasosiego.
  • El segundo nivel es aquel en el que la incomodidad pasa a ser descontrol, algo se nos va de las manos y entramos en un desorden de pensamiento e incluso de entorno.
  • El tercer nivel es la autodestrucción, la situación se escapa de nuestra voluntad y caemos en picado, de forma que la adicción acaba gobernándonos.

Hay que localizar los síntomas de la ansiedad en el primer nivel donde aún es manejable, intentar que no pase al segundo donde controlarla exige más esfuerzo y, principalmente, evitar por todos los medios que se vaya al tercero donde ella dominará la situación y estaremos a las puertas de una recaída. 

Si los otros te definen, tú te pierdes

Para sortear la ansiedad, hay que establecer las rutinas evitando la influencia de factores externos, de modo que tu bienestar no dependa de los demás y que tu vida esté gobernada por ti y no por las circunstancias. El niño asustado que vive dentro de todo adicto te confiere cierta inseguridad que hace que, en muchas ocasiones, te definas a ti mismo por criterios ajenos.

Lo que has mostrado hasta ahora a la sociedad es tu falso yo y la sociedad ha dado por válida la personalidad inventada que has creado para compensar la parte de ti que se perdió. Llevas mucha vida aparentando ser alguien que no eres y eso hace que cada vez te sientas más extraviado. Utilizando las herramientas que te facilitaremos en terapia, conseguirás que ni los escenarios ni la gente definan quién eres y entonces habrás triunfado sobre tu yo bebedor.

El efecto sanador de la palabra

Tendrás que localizar la escena de la infancia que marcó tu vida de tal modo que intentas borrarla con alcohol todo el tiempo, y deberás ponerla en palabras para acercarte al dolor que creó en ti esa vivencia y poder sanar la herida.

Ted Hughes, un gran maestro de las palabras, decía: "Es cuando nos disponemos a encontrar palabras para una experiencia aparentemente sencilla cuando empezamos a darnos cuenta de la gran brecha que hay entre nuestro entendimiento de lo que pasa a nuestro alrededor y dentro de nosotros, y las palabras que tenemos a nuestro alcance para decir algo al respecto".

El consumo solo te da alivio temporal y lo que tú buscas es solución a la adicción; no es que tengas que dejar de beber, es que quieres hacerlo; en la palabra está la base de tu recuperación y será en el espacio estanco y seguro que se crea en las sesiones de grupo donde podrás hablar desde el corazón sin temor al juicio ajeno. 

Enamórate de tu objetivo

Dejar de beber no va a hacer que milagrosamente encuentres tu lugar en la vida, es más, durante un tiempo tendrás que transitar en soledad por un desierto, es la única manera en la que podrás conocerte; el autoconocimiento te ayudará a deshacer los nudos que te atan al dolor y, al saber quién eres, podrás alejarte de lo que te hace mal para acercarte a lo que te hace bien.

Mediante las sesiones de terapia de grupo on-line para dejar de beber de MMS aprenderás no solo a dejar de beber, también a entender por qué bebes y por qué no quieres seguir haciéndolo; llegarás a darte tu valor real y a considerar tu criterio y tu palabra tan válidos y tan rebatibles como los de cualquiera. Recuerda que si tú no te das importancia nadie más te la dará. 

Schopenhauer decía: «Es difícil encontrar la felicidad en uno mismo, pero es imposible encontrarla en otro lugar». Tendrás que trabajar para desentrañar quién eres de verdad y conseguir ser feliz; descubrirte a ti mismo no será un camino sencillo, pero es el único para que puedas vivir una vida plena. Así es enamórate de tu objetivo y no te des permiso para serle infiel.

 


Del egocentrismo a la empatía

Del Egocentrismo a la Empatía

Cuando accedí a la terapia de grupo on-line para dejar de beber de MMS quería dejar de consumir porque me sentaba mal al alma y al cuerpo, pero tenía la idea de que bebía porque era dueña de mi vida y así lo había decidido. Después de algunas sesiones entendí que beber no había sido una elección, sino que era una forma de escapar del dolor y refugiarme en la soledad.

La infancia me tenía secuestrada

Gracias a la abstinencia y la asistencia regular a las sesiones de grupo se iban abriendo nuevos conceptos en mi vida hasta definir con claridad dos objetivos: localizar el dolor que tapaba y aprender a quererme. Al tener la oportunidad de observar cómo me relacionaba con el entorno, comprendí que había vivido en una especie de reclusión emocional, tuve claro que mi visión de la vida era individualista y supe que la egolatría que marca al adicto me había envuelto.

Al tomar conciencia de esto me di cuenta de que algunos años atrás ser yo misma en mi hábitat me suponía un riesgo tan alto que cerré el corazón y, por miedo, dejé de amar y de amarme, pero ahora tenía un entorno en donde era posible abrirlo y adquirir la capacidad suficiente para no dar más vueltas al pasado y salir -que no huir- de la infancia. 

Ayudar a la niña que hay dentro de mí hizo crecer mi comprensión hacia los demás; recibir el apoyo de tantas manos amigas que se tienden en los grupos, me devolvió la confianza en el género humano; y las herramientas que se me iban facilitando en terapia se convirtieron en mi complemento diario para aprender a vivir sin beber.

Salté al vacío desde mi pedestal

En las sesiones también aprendí que ser dueño de algo conlleva la responsabilidad de cuidarlo, ocuparse de ello y nutrirlo; eso significaba que si al beber me estaba destruyendo, no era dueña de mí ni de mi vida. Un día desconecté de mí y estaba empleando el resto de la vida en compensarlo mediante la adicción.

Al parecer fue ese dolor que pretendí tapar con la primera copa lo que provocó la desconexión de mi esencia y me llevó a instalarme en un patrón de personalidad aceptado por los grupos de bebedores con los que me relacionaba y a los que llamaba amigos pero que, en realidad, no eran más que compinches de consumo.

Me dispuse a resolver mi relación con la naturaleza, con las personas, con mi actividad cotidiana y, sobre todo, conmigo misma. Aunque en algún momento de la vida me había separado de mí, sentía que mi verdad seguía viva en algún lugar y, aunque no es fácil la reconexión, confié en poder conseguirlo con el método que proponía la terapia.

Llegué a MMS subida a un pedestal fabricado con egocentrismo, desconfianza y vulnerabilidad; casi muerta de dolor me lancé al vacío, y en lugar de vacío encontré la empatía, la comprensión, la amabilidad y el cariño de otras almas que, como yo, trabajan en la búsqueda de su identidad más auténtica.

Los disfraces del miedo

Dicen que los seres humanos estamos cableados para ser empáticos, para sentir compasión y amor por los demás y yo en cada reunión recuperaba un poquito de la capacidad natural perdida para conseguir calma, placer y evasión, a la vez que me iba deshaciendo de la necesidad de sustancias externas o de acciones que solo conseguían subir mi adrenalina y desorganizar mis nervios. 

Los hombres y las mujeres que hacen este camino a mi lado fueron -y siguen siendo- fiel reflejo de mí misma, son los mil yoes que fui y soy, puedo verme en sus ojos y oírme en sus bocas, sentirme en sus pieles y quedarme a su lado por amor a los seres humanos y a mí misma, aunque a veces no me gusten, como no me gusto yo, aunque a veces me molesten, como me molesto yo, porque también, muchas veces, consiguen hacerme tan feliz como feliz yo me hago. 

La soledad que buscaba en el alcohol y la soberbia que mostraba al mundo no eran más que los disfraces del miedo que me habitaba y del que, gracias al autoconocimiento, voy despojándome. Echar la vista a atrás desde la abstinencia mediante esta terapia de grupo para dejar de beber ha conseguido que abra el corazón y aprenda a amar de nuevo; tal vez, como dice Guillermo del Toro: «Mirando hacia atrás tu propia vida, verás que el amor es la respuesta a todo».


El discreto encanto de la abstinencia

El discreto encanto de la abstinencia

El punto de inflexión que lleva al adicto a buscar ayuda es sentir que ha tocado fondo, pero el fondo no es igual en todos los casos; hay infinitas razones para decidirse a probar la abstinencia y todas válidas. No obstante, se llega a terapia con ideas indefinidas de por qué se bebe y de qué es lo que se quiere conseguir con la recuperación.

En MMS sabemos que toda adicción proviene de una desconexión con uno mismo que sucedió en un momento determinado del pasado, un trauma sin identificar y sin resolver; también sabemos que la manera de recuperarse de la adicción es localizar el dolor, verbalizarlo y trabajar para sanarlo.  

Para eso hemos elaborado una terapia de grupo on-line para dejar de beber en la que lo que nos importa no es la cantidad que consumes ni si se percibe socialmente cuando estás ebrio, lo que nos importa es que identifiques el porqué bebes y qué es lo que crees que resuelves cuando consumes para ayudarte a buscar la manera de sustituir la adicción por actividades favorables para tu cuerpo y para tu alma.

Si crees en ti, el mundo es un lugar seguro

Consumir era la manera que tenías de armonizar con otros bebedores, tal vez ni siquiera te apetecía, pero decir NO generaba un problema. En MMS te pedimos abstinencia durante el tiempo que dure la recuperación porque sabemos que los circuitos de tu mente han de estar secos para contemplar la vida desde otra perspectiva.

Te ayudaremos a curar el instinto herido poniendo unos sólidos límites al consumo y practicando el ofrecimiento de unas firmes y, a ser posible, generosas respuestas que no cedan a la tentación. El grupo de apoyo te dará fuerza en tanto en cuanto te sentirás perteneciente a un colectivo que te ayudará a enfocarte hacia situaciones que no conllevan consumo de alcohol.

En las sesiones, mediante la palabra, aprenderás a identificar los riesgos y sabrás que en tus compañeros de terapia tienes una gran ayuda; mediante la puesta en común de las experiencias adquirirás herramientas para elegir a tus cómplices de abstinencia y alejarte de quienes tiran de ti hacia el consumo. 

Poco a poco irás obteniendo seguridad en ti y te sentirás más fuerte y capaz de afrontar las cosas de la vida; y es que el grupo es un gran instrumento de sanación porque como decía William Arthur Ward: «Cuando tratamos de descubrir lo mejor que hay en los demás, descubrimos lo mejor de nosotros mismos».

El maravillo arte de no tener expectativas

Para coger el camino adecuado es muy importante saber hacia dónde quieres ir; pero tener proyectos no es lo mismo que tener expectativas; si te embarcas para llegar a un puerto determinado has de ser consciente de que no eres adivino y no sabes lo que va a ocurrir en el viaje, lo único que tienes que tener claro es que harás todo lo que esté en tu mano para solventar los problemas que vengan y conseguir llegar al lugar al que has decidido ir.

A veces se aterriza en terapia con el deseo de dejar de beber para conseguir, como premio, cualquier otra cosa que nada tiene nada que ver con la abstinencia. Esto es un gran error, pues la terapia no es un método para conseguir un buen trabajo o una pareja perfecta, la terapia de grupo de MMS está diseñada para dejar de beber, sencillamente, esa es la meta, conseguir convertirte en alguien que no bebe.

Es cierto que cuando tu mente esté libre de alcohol tu manera de gestionar las cosas será diferente y, por lo tanto, el resultado de cuanto hagas también lo será, pero no instrumentalices la terapia. La abstinencia es el objetivo y tendrás que trabajar para ello. No permitas que las expectativas te corten las alas.

No solo eres adicto cuando estás bebido

Lo primero que tienes que hacer es limpiarte de alcohol, mantener la abstinencia, después organizarás tu vida. Seguramente te imaginas que tras la resaca todo se resuelve con una buena ducha, pero no es así; el alcohol no se va de tu mente por arte de magia y, a pesar del perfume, la adicción es un monstruo que absorbe todas las horas del día.

Muchos de tus problemas han derivado de la bebida, no querías beber, pero lo hacías. Si beber causó los problemas, aprender a vivir manteniéndote sobrio será la solución. Mediante la abstinencia podrás hacer las cosas que dependen de ti para no beber y te sentirás triunfante cuando te puedas decir a ti mismo «no bebo porque, libremente, he decidido no hacerlo»

Puedo garantizarte que la abstinencia te dará muchas cosas, pero sobre todo tiempo, ese tiempo que perdías anestesiándote, también capacidad para trazar caminos nuevos hacia futuros posibles y mucha fuerza para buscar soluciones en lugar de empapar los problemas con alcohol. Aparentemente nada cambiará, sin embargo todo será distinto. En eso consiste el discreto encanto de la abstinencia.


La libertad de ser mejor y dejar de beber

La libertad de ser mejor

Etimológicamente perfección significa «acción y efecto de dejar algo completamente hecho y acabado», por lo tanto, un ser humano jamás puede ser perfecto porque, como ser vivo, está en una dinámica de cambio permanente. Sin embargo, cualquier persona puede convertir su vida en un proceso de mejora constante sobre sí mismo, ya que siempre existe la libertad de ser cada día un poco mejor que el día anterior.

Cosas tan evidentes y tan olvidadas como esta son las que voy aprendiendo en la terapia de grupo on-line para dejar de beber que MMS ha puesto en marcha. 

Dejar de beber es regresar al presente

Como adicta, mi mente viajaba siempre en el tiempo; de repente se iba al pasado para removerlo sin ton ni son y, con la misma rapidez, volaba a un futuro imposible; con tanto viaje me olvidaba de hacer lo necesario para gestionar el presente con criterio y cada vez me sentía más y más lejos de mis convicciones, de mis creencias. 

Cuando dejé de negar la enfermedad de la adicción, opté por pedir ayuda y me comprometí con la abstinencia sentí mucho vértigo, sabía que iba a entrar en un mundo que desde hacía muchos años había dejado atrás: el presente. La sacudida no fue pequeña. Casi no reconocía mi imagen en el espejo, mi hogar era una estancia sin identidad y mi vida carecía de proyectos de futuro.

Me llamó la atención esta escasez vital siendo poseedora de una cabeza que constantemente estaba en movimiento y supe que esa era la primera rienda que tenía que agarrar. Regresar al presente fue duro, pero fue uno de los pilares más importantes para mi recuperación, pues como dice Kazuo Ishiguro: «Ciertamente hay una satisfacción y dignidad que se puede obtener al admitir los errores que uno ha cometido en el curso de la vida».

Aceptar mi vulnerabilidad me permitió crecer

Con el consumo de alcohol me sentía vestida con una especie de capa que me hacía indestructible, como cuando uno se pone las gafas de sol y siente que todo el mundo le ve un poquito más oscuro. Bajo los efectos de la bebida creía que nada ni nadie podía dañarme, solo al despertarme notaba los moratones en el cuerpo y en el alma.

Tardé algunas sesiones en tomar conciencia de que lo que hacía al beber era huir de mi pena, de mi dolor, de mi sombra sin conseguirlo, pues uno está compuesto también de todas esas cosas y cuando se obvian solo se encuentra cuarto y mitad de uno mismo, o lo que es igual, se vive en una cojera emocional constante. 

Poniendo en palabras los sentimientos, dejando el ego a un lado, atendiendo las devoluciones de los compañeros del grupo de terapia (basadas siempre en sus experiencias y estrategias para mantener la sobriedad) y tomando conciencia de mis propias respuestas a sus exposiciones, comprendí que solo reconociendo mis debilidades podía poner los medios para fortalecer la musculatura emocional y crecer de manera saludable.

Más presencia y menos ausencia

Creo que cualquier adicto me podrá entender si digo que cuando bebía, aunque estuviera, no estaba. Es probable que durante muchos años haya vivido en una reclusión invisible. Yo caminaba por el mundo y hablaba con la gente y entraba al cine y asistía a las comidas de Navidad; pero la realidad es que deambulada, farfullaba palabras, me sentaba en la butaca y ocupa un sitio en la mesa, pero no estaba.

Al principio de la terapia me limitaba a cumplir las reglas: abstinencia, asistencia a las sesiones y orden de vida, pero no entendía muy bien a dónde me podía llevar el método. Fue al cabo de pocos meses cuando comencé a participar más activamente en las sesiones, sentía que les importaba, aunque no me comprendieran; por primera vez en mucho tiempo no necesitaba beber para formar parte de un grupo y esa sensación era más que buena.

La constancia y el trabajo hicieron el resto. Hoy, con algo más de un año de abstinencia en mi haber, puedo decir alto y claro que tengo conciencia de cada minuto de mi vida, que estoy presente en cada situación, que si me despisto no es por ir anestesiada sino porque soy humana, que puedo ver venir mis miedos y combatirlos, que me siento capaz de crear futuro y de decidir dónde comienza mi pasado y que, desde esta presencia, puedo darme la libertad de ser mi mejor yo.


Vivir se conjuga en presente - dejar de beber

Vivir se conjuga en presente

En MMS sabemos muy bien lo que ocurre cuando el alcohol es quien manda en tu cabeza y, sobre todo, somos conscientes de que el ruido mental permanente provoca desorden en todos los aspectos; y donde hay desorden hay dolor, como lo hay cuando en la naturaleza se producen desajustes en la continuidad de sus ciclos.

El cambio comienza en el pensamiento

La terapia de grupo on-line para dejar de beber de MMS te invita a pensar, te enseña a cuestionarte y te ayuda a reconstruirte.  Stephen Crane mantenía la idea de que «El que puede cambiar sus pensamientos puede cambiar su destino». Nosotros también lo creemos así y sabemos que realizar el proceso de recuperación en grupo fortalece el compromiso y la responsabilidad, ya que los vínculos que se crean son variados y muy efectivos.

La terapia de grupo genera también mayor responsabilidad, pues no dejarás en manos del terapeuta la curación, sino que asumirás la parte de trabajo que te corresponde tanto en beneficio propio como en el de tus compañeros. Pensar con ayuda de otros, ser escuchado por quienes están viviendo un proceso similar, sentirte querible y entendido son herramientas que ayudan a ver esa parte que ocultas a todos, incluso a ti mismo.

Cuando descubras tu «yo secreto» y pongas en palabras tu más íntimo dolor, se generará un cambio en tu modo de pensar y de actuar; en ese momento habrás comenzado el camino a la curación, que no es otra cosa que convertirte en una persona que no esté dominada por las ganas de beber.

Muestra tu creatividad, no te escondas tras ella

Posiblemente posees una gran sensibilidad que se traduce en creatividad, pues un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido y tú, como todo adicto, eres un superviviente. Ocurre que has utilizado esa creatividad para esconder tu auténtica identidad y, por tanto, jamás consigues sentirte aceptado o querido porque a quien quieren es a la figura que muestras al mundo.

No te des por vencido porque como decía San Juan Bosco, «Cuando todo parece perdido, es la hora de las almas grandes» y tú eres un alma grande. Mediante las sesiones de grupo podrás mostrar tu creatividad en su más amplia versión: dejar ver al mundo tu auténtico yo. Para ello es necesario que tengas un deseo sincero de que tu grupo sepa quién eres de verdad y que superes el miedo al rechazo que te ha perseguido siempre.

De ese modo conseguirás llevar a cabo tu mayor creación: despojarte de la imagen que sostienes y dar a luz tu verdad.

Entraste solo, saldremos juntos 

George R. R. Martin dice que «Todos los pasillos llevan a alguna parte. Si hay una entrada, hay una salida». Pero el adicto vive instalado en una encrucijada de tiempos que no le permiten distinguir pasado, presente y futuro, de modo que no es capaz de tomar un camino de salida. 

En las sesiones de grupo tendrás la oportunidad de hablar de los sentimientos que te generan las situaciones que vives y, al verbalizarlos, podrás comprobar que en muchos casos no son los hechos los que te remueven, lo que te cimbra es lo que con esos hechos evoca tu memoria. De este modo localizarás la puerta de entrada a la adicción, pues sabrás qué te causó el daño y aprenderás a dejarlo descansar en el tiempo que fue. El pasado no pinta nada en tu presente.

El otro objetivo es localizar la puerta de salida y, aunque pueda parecer lo contrario, esa puerta no está en el futuro sino en el ahora. Cuando en las sesiones de grupo te escuches hablando de tus proyectos o escuches a tus compañeros, comenzarás a diferenciar los deseos del pronóstico real y, por lo tanto, diseñarás tu futuro con base en acciones realizables evitando de ese modo el sufrimiento que producen los sueños incumplidos.

Juntos atravesaremos la jaula de nuestros condicionamientos, buscaremos la verdad en nuestros corazones y aprenderemos a conjugar el presente de verbo vivir.


Dejar de beber

Historias comunes

Terapia en defensa propia 

Convencida de que a terapia no van los locos sino quienes tienen la suficiente madurez para hacerse cargo de sus emociones, llegué a MMS con un número considerable de terapias en mi haber; de todas ellas había extraído alguna herramienta para seguir viviendo, pero siempre las envolvía con la bebida y las empleaba tarde, mal o nunca. Con cada copa me olvidaba un poco del respeto y del amor por mí misma y sin ellos la vida se vuelve una pesadilla; me sentía miserable, vacía y desconectada.

Me decidí a pedir ayuda para salir de la bebida la noche que vi las orejas al lobo y tomé conciencia de que la adicción me había ganado la batalla; mi manera de estar en el mundo era un proceso sostenido de autodestrucción, vivía contra mí porque sentía un gran dolor y una profunda soledad que nadie veía desde fuera. Ser funcional consumiendo alcohol era un esfuerzo tan brutal que me desgastaba hasta el infinito, así es que se podría decir que comencé la terapia en defensa propia. 

Para aprender a amarme tuve que armarme

Nunca había hecho terapia de grupo y la decisión me mantuvo inquieta durante los días previos a comenzar; había una ventaja, la terapia era on-line y no sufriría la vergüenza de entrar a un centro para alcohólicos porque ¡por supuesto que yo no lo era!, simplemente bebía un poco más de la cuenta algunos días y solo necesitaba aprender a negociar con el alcohol.

Cualquier grupo me resultaba una amenaza ya que mi forma de relacionarme era a la defensiva, pues al no amarme a mí misma era imposible amar a otros; lo que yo consideraba empatía era más una inversión afectiva para conseguir que los demás me reconocieran y me aceptaran, pero siempre estaba con «la escopeta cargada» y cualquier mirada, frase o acción me parecía dirigida a mí y no precisamente de manera amistosa.

La primera sesión con el grupo fue suficiente para comprender que la terapia de MMS no iba solo de dejar de beber, iba de conocerse, iba de aprender a amarse. Yo, para aprender a amarme tuve que armarme… Me armé de valor, de esperanza, de respeto, de confianza, de comprensión y de disciplina porque me di cuenta de que siguiendo las instrucciones del método ganaba terreno a la adicción y adquiría fuerza para cambiar el curso de mi vida.

No soy rara, estaba perdida

La sensación de desarraigo conduce al consumo, pertenecer al grupo me facilitó dejar de consumir. Es seguro que en su momento algo me dañó y no pude o no supe gestionar mis emociones, quizás nadie me enseñó a hacerlo, pero eso no me convierte en una persona rara, sino en una persona herida que ha utilizado el alcohol para tratar de olvidar que no pertenecía.

Encontrar en las sesiones de grupo un espacio donde priman la comprensión y el respeto, formado por personas con las que podía hablar de mis sentimientos más íntimos, incluso de aquellos que ni siquiera yo sabía que tenía, en la seguridad de que la confidencialidad estaba garantizada fue lo que me abrió las puertas a un mundo olvidado, cuando no desconocido. 

Con el tiempo, al compromiso de no beber se ha unido un comportamiento formal que me aleja cada vez más del consumo: prestar atención a mis compañeros y saber que ellos están pendientes de mí; enlazar los secretos del alma para encontrarme conmigo a través de su mirada; desalterarme con las palabras de quienes viajan en el mismo barco que yo; dejar de vivir a escondidas; compartir el ruido mental para bajar su volumen.

Pero lo que más me ayuda es identificarme con los demás en las historias comunes; es por esas historias comunes que sesión a sesión siento menos vergüenza de mí misma; es en esas historias comunes donde aprendo poco a poco a dar espacio a la persistencia al entender que atender es un verbo continuo; es a través de esas historias comunes como día a día sigo avanzando hacia la libertad y la humanidad perdidas en la botella.

¿Qué es para ti lo más humano? Ahorrarle vergüenza a alguien. ¿Cuál es el sello de la libertad alcanzada? No avergonzarse ya ante uno mismo.
Nietzsche


Enfoca tu mirada y dejar de beber

Enfoca tu mirada

Todos somos seres humanos fraccionados por diversas experiencias y pasamos la vida en un intento de consolidación de nosotros mismos, pero siempre existen grietas; lo difícil es aprender a vivir con ellas y convertirnos en unos seres moderadamente sanos. Nada hay que nos aleje más de ello que la adicción porque cuando te «colocas», de descolocas.

A través del consumo tratas de evitar el duelo consciente de ese gran dolor que tienes, pero si estás buscando ayuda ya has sufrido el choque con la realidad, muy probablemente en forma de depresión o, tal vez, te hayas asustado de tu manera de reaccionar, lo cierto es que has tomado conciencia de que mirar para otro lado no soluciona tu vida.

MMS ha diseñado una terapia de grupo on-line que te ofrece la posibilidad de recuperación a través del autoconocimiento, pues creemos que para resolver una adicción es más importante comprender quién eres que perseguir lo que crees que deberías ser; la finalidad es que te encuentres bien contigo mismo, pues puedes ir de acá para allá, pero mientras no estés bien contigo nada de lo que hay a tu alrededor lo estará. 

Aprovecha tu tiempo

En palabras de Jack London: «La función del ser humano es vivir, no existir. No voy a gastar mis días tratando de prolongarlos, voy a aprovechar mi tiempo». 

Cuando alguien está tendido sobre la mesa de un quirófano bajo los efectos de la anestesia, no está viviendo realmente, respira y tiene sus funciones vitales activas, pero no está viviendo. Eso mismo pasa cuando estás bajo el efecto del alcohol; tu voluntad queda en manos de una sustancia y tu tiempo se diluye en la bebida, de hecho, pocos recuerdos de los momentos de embriaguez quedan archivados en tu memoria, y los que quedan suelen ser ingratos.

Pedirte que mantengas la abstinencia durante los meses que estés en terapia no es un capricho, simplemente sabemos que es la única manera de que tu auténtica personalidad tome las riendas de tu vida y, con ello, tengas conciencia de tu tiempo y de tu realidad y puedas echar una mirada limpia de alcohol a tu pasado para recolocar tu presente y construir tu futuro.

Y dejarás de mirar atrás

Como decía Papini, el destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad; tendrás que poner mucho de tu parte para conseguir recuperar la vida. La constancia, el orden y el compromiso contigo mismo y con el grupo serán herramientas muy poderosas para tu recuperación. Trabajando en la reconstrucción tu mirada se enfocará cada vez más hacia el futuro y sabrás que estás en el camino correcto porque un día dejarás de mirar atrás.

Estás buscando la solución en el pasado, pero solo la encontrarás dentro de ti. Julio Verne dijo: «El viaje más maravilloso no es al centro de la tierra o a los confines del universo, si no al fondo de uno mismo»

En las sesiones de terapia te conocerás a ti mismo e, incluso, te reconocerás en la voz de tus compañeros, pero será con el fin de que aprendas a utilizar el pasado como trampolín y no como sala de estar. Ver tu evolución y la de quienes te acompañan en este viaje de reencuentro con la parte más verdadera de uno mismo hará que no te sientas solo en el camino y la energía que genera esa unión será la más potente de las medicinas para tu sanación.

Quítate la venda

El dolor lleva al consumo y el consumo desenfoca la mirada hacia la vida, posiblemente hasta nos anula la visión y nos hace vivir como ciegos sin perro guía. Mediante la terapia de grupo de MMS todos ayudamos a todos a analizar el pasado, a entender los motivos de la adicción y a desenredar la madeja que ha tomado forma en nuestras cabezas y en nuestros corazones.

Milan Kundera lo dice de esta forma tan bonita: «El hombre atraviesa el puente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido». 

Tú también podrás comprobar que poco a poco, con cada palabra, con cada rutina, con cada nueva forma de ver el mundo, irá sanando la herida; la cicatriz quedará y servirá para que recuerdes dónde dolió y no regreses a ese lugar, pero también para que nunca olvides el trabajo que has hecho para curarte, recuperar tu vida y enfocar de nuevo tu mirada. 


El trabajo de dejar de beber

El trabajo de dejar de beber

Yo imaginaba que esto de dejar de beber era coser y cantar una vez que se toma la decisión de no consumir, que no había más que apretar los puños y permitir que pasaran los días en abstinencia hasta que llegara el día del milagro en el que no me apeteciera beber. Como tesón nunca me ha faltado, me lancé a la piscina en la seguridad de que esta vez lo conseguiría porque tenía el deseo más fuerte que nunca, había visto las orejas al lobo y no quería que el lobo me comiera.

En mi vida imperaba el desorden que suele acompañar a la adicción; es un desorden interno más que externo porque, incluso encargando el externo a otra persona, para el adicto es casi imposible mantener un orden continuado. Me resultó llamativo que una de las primeras cosas que pide el método fuera mantener el orden en la vida privada; pensé que sería suficiente ser respetuosa en la asistencia a las sesiones y cumplir el compromiso de sobriedad que había adquirido para el período de terapia, pero el terapeuta insistió tanto en las rutinas que casi me parecía pecado no llevarlo a cabo.

Así es que establecí unos tiempos para levantarme, desayunar, comer, hacer ejercicio, trabajar, hacer la compra, cuidar de mi cuerpo… y tras un par de semanas de constancia me di cuenta de que no solo mi cuerpo, sino también mis pensamientos iban cambiando y comenzaban a dar forma a mi recuperación. La sensación de triunfo sobre el desorden permitió que compartiera con el grupo de apoyo una serie de emociones que consideré exclusivas; mi sorpresa fue descubrir que a todos los participantes nos ocurría algo similar, ya que el orden de vida es un recordatorio permanente de que se está dejando una adicción.

Como consecuencia presté más y más atención a las instrucciones del terapeuta, pues con ellas lograba descubrir mejor y de forma más sencilla mi auténtica personalidad. Con las herramientas facilitadas se atenuaban el dolor y la rabia, crecían, sin embargo, la calma y la paciencia. Comencé a prever futuros viables a corto plazo y deseché las metas inalcanzables. Me centré en trabajar para dejar de beber y no solo pensando cosas bonitas, sino llevando a cabo hechos cotidianos que podían ser grabados por una cámara: actos, realidades tangibles.

Hoy llevo un año en la lucha y sé que «el bicho» merodea donde quiera que uno mire, pero las herramientas son muchas y yo he aprendido a manejarlas con soltura; hay días menos fáciles que otros, en esos días el grupo es el lugar seguro donde puedo volcar lo que ocurre en mi alma en la seguridad de que una mano va a extenderse hacia mí para que no caiga y de que alguien me recordará el método para que siga en el camino de libertad que he elegido.

Y estoy edificando una nueva vida, cuidando de mi imagen que estaba un poco abandonada en los últimos tiempos pues el adicto, aunque se cuide, no puede mantener mucho tiempo las formas; ahora mis pensamientos se dirigen al futuro libre de alcohol que he elegido construir y se alejan cada día del pasado que me tenía prisionera. 

Con el método de MMS dejar de beber no es coser y cantar y mucho menos apretar los puños para mantener la abstinencia; dejar de beber con MMS es trabajar día a día en la recuperación del cuerpo y del alma, en la construcción de una nueva vida, en el autoconocimiento y el reconocimiento de la propia identidad; dejar de beber con MMS es también ayudar y ser ayudado a no caer cuando se tropieza. 

Dejar de beber con MMS se ha convertido para mí en el trabajo más hermoso de mi vida.