La primera persona con quien el adicto se relaciona mal es consigo mismo, ya que continúa bebiendo aunque hacerlo no conlleve sensaciones gratificantes; es natural que el resto de relaciones tampoco sean sanas, teniendo en cuenta que en las reuniones donde el alcohol es el invitado principal cada asistente se convierte en tres cosas a la vez: espectador, víctima y verdugo.

Escapar del hechizo del alcohol

La vida contiene una buena dosis de problemas y, si los cimientos emocionales están afectados, sedarnos con la bebida puede parecer una manera eficaz de olvidarlos. Pero esto es solo un encantamiento, la realidad es que los problemas continúan y se hacen mayores cuanto mayor es el consumo, con el agravante de que no hemos disfrutado de las alegrías que venían en el paquete.

Y es que cuando el alcohol toma el mando desaparece el mundo y nos quedamos a solas con él en un proceso de «no presencia» pues, aunque parecemos seguir allí mismo, en realidad estamos haciendo un viaje en el tiempo y reviviendo el recuerdo de lo que nos dañó años atrás sintiéndolo como si sucediera en ese mismo momento; ya están en escena el espectador, la víctima y el verdugo.

Sin embargo, podemos despertar de ese encantamiento elevando nuestro nivel de consciencia, observando nuestro estado de ánimo, identificando la emoción negativa que nos conduce a la bebida y desactivándola, algo que podrás aprender en nuestra terapia de grupo on-line para dejar de beber

Decir no al pesimismo

La vida necesita algo de magia, pero hay que engañarse lo menos posible y no creer todo lo que se piensa. El exceso de copas distorsiona la realidad y hace ver cosas inexistentes convirtiéndonos en seres que no queremos ser, entonces depositamos la autoestima en manos ajenas pidiendo que nos confirmen que al hablar no se nos nota bebidos en un intento de convencernos de que estamos mejor de lo que estamos.

Y es que el alcohol es un amargado por más que nos lo quieran vender como alegre. Beber nos acerca al pesimismo, y la frontera entre el pesimismo y la dejadez es un papel de fumar; por eso, en general, cuando consumimos de más nos embarga una especie de abandono hacia todo y hacia todos, desde nuestro cuerpo hasta nuestro entorno.

En las sesiones con el grupo de apoyo comprobarás que es algo común a todos los consumidores; tú no eres un bicho raro, ni eres perverso, ni eres alguien a quien haya que esconder, sencillamente tienes que aprender a tratarte con ternura, perdonarte tus debilidades y hacer el trabajo que te corresponde hacer para recuperarte. 

Estar a gusto con uno mismo

En su novela Cicatriz, Sara Mesa dice: «Es justo en lo privado, en lo más íntimo de cada uno de nosotros, donde hay que combatir la dejadez, la pasividad y la indolencia». Te aseguro que si te decides a salir de la pasividad podrás construir nuevas estructuras con lo que hoy solo te parecen escombros. Date la oportunidad.

Al principio de la terapia tal vez no entiendas el proceso, pero sigue las instrucciones, haz lo que te indicamos y, si algo te cuesta, repítelo las veces que sea necesario. La finalidad de este método es que eduques a tus pensamientos para que seas tú quien elija qué pensar y no ellos quienes te lleven por sus derroteros.

Si bien es cierto que disfrutarás de la transformación física que se produce al reducir la ingesta de alcohol y te satisfará que el orden vuelva a presidir tu entorno, la parte más gratificante de la recuperación será, sin duda, la sensación de poder conducir tus ideas y transformarlas en acciones favorables para ti y para aquellos a los que quieres.

Nuevas relaciones

Evidentemente, las relaciones de barra de bar no serán tus mejores aliados para la recuperación por lo que, sobre todo al principio, deberás evitarlas; no obstante, muy posiblemente, en tu nuevo camino encontrarás personas y espacios más compatibles con tu forma de mirar la vida desde la serenidad que da la abstinencia.

En un período de tiempo no muy largo comenzarás a ver las cosas de otra forma y podrás decidir con quién sí y con quién no; no será una decisión tomada mediante discusiones, simplemente, al encauzar tu vida en base a una realidad diferente a la que veías a través de la bebida descartarás algunas actividades que no corresponderán a tu nuevo yo.

Esa capacidad de selección, ese saber alejar lo que ya no va contigo, será el mejor signo de que vas con paso firme hacia el futuro que deseas. Carmen Laforet lo dejó escrito de esta forma tan bonita: «Hay una buena cantidad de nada en la vida y hay que saber dejarla atrás»